Centenario luctuoso del fundador de la Institución Libre de Enseñanza (1915 - 2015)

Boletín del Colegio de Doctores y Licenciados, nº 257, octubre-noviembre 2015, pp. 34-5.

 

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Fue un pionero de la renovación escolar, un adelantado de la corriente modernizadora de la enseñanza entre los siglos XIX y XX. Y es por ello un capítulo insoslayable en la Historia de la Educación. Incluso puede afirmarse que gracias a Francisco Giner de los Ríos (1876-1915) y a su gran realización pedagógica, la Institución Libre de Enseñanza (1876-1936), la historia de la calidad e innovación educativas tiene en la España de su tiempo una cita ineludible.

Asombrosa actualidad

Pero es que todavía hoy, a cien años de su fallecimiento, resulta asombroso leer y pensar a Giner. Está vivo. Basta cotejar su obra con nuestros actuales debates educativos para comprobarlo: la facilitación de la creatividad y del gusto por aprender, la educación integral de la personalidad, la formación docente, el cultivo de la excelencia, la calidad universitaria y la promoción del talento investigador... Se podrá compartir o rebatir su postura. Parecerá, según el tema, más o menos vigente. Pero siempre orienta, y no son pocas las veces que además de actual nos sorprende avanzado. ¡Y qué curiosidad, qué interés tan exhaustivo y minucioso por el fenómeno educativo! Nada escapa a su mirada: desde la influencia de la arquitectura escolar en los procesos internos del alumno (Campos escolares, 1884), hasta el sentido estético de las maneras sociales como “modo de manifestar bellamente nuestra personalidad al exterior” (Giner, 1910).

Sin embargo, se le conoce y recuerda poco; incluso entre los profesionales de la educación. Yo mismo lo he comprobado durante este centenario hablando con algunos colegas. Pienso ahora, por ejemplo, en un psicólogo infantil, un profesor de filosofía y una gestora cultural. Sólo el filósofo ubicaba a Giner; los otros dos ni le conocían. No obstante, hay un artículo de Giner para cada uno de ellos: “Instrucción y educación” (1879), “Cómo empezamos a filosofar” (1887) o “La crítica espontánea de los niños en Bellas Artes” (1885). Y cualquiera de los tres encontraría fácilmente algo inspirador en el programa de la Institución (BILE, 1934), condensado también expresivamente por Giner en dos de sus célebres alocuciones inaugurales a los cursos escolares de la I.L.E. (Giner, 1880-1882).

Programa pedagógico, el de la Institución, cuyos elementos responden lato sensu al discurso pedagógico actual: “Relevancia de la educación del cuerpo (higiene, gimnasia) en armonía con la del espíritu; coeducación de sexos; educación armónica del conocimiento, sentimiento y voluntad; convivencia entre educadores y educandos; armonía del ejercicio especulativo y experimental; equilibrio entre libertad e imposición; contacto con la vida (visita de exposiciones, conferencias); contacto con la naturaleza (excursiones); relevancia de los juegos, y de estos con la participación de ambos sexos; relevancia de la educación desde la cuna y en familia; educación de las madres como educadoras; relevancia de la educación religiosa; educación ‘desde dentro’ y educar para la autoeducación” (Menéndez Ureña, 2001).

Educación armónica

La lista, como digo, es actualizable. Pero se comprende. Sin embargo, Giner no inventa nada. Pone al día, en realidad, el proyecto educativo enunciado por el filósofo alemán Karl Friedrich Krause (1781-1832) a principios del siglo XIX; cuyos ingredientes eran, en resumen, los arriba desglosados. Y es a través de Krause, o mejor del krausismo español, que recoge Giner la estela pedagógica de Friedrich Fröbel (1782-1852), el creador de los kindergarten o jardines de infancia; es decir, de la luego universalizada educación preescolar o infantil. Fröebel estudió con Pestalozzi (1746-1827). Y fue mediante sus aportaciones posteriores que los institucionistas entroncaron con el naturalismo del genial pedagogo suizo, admirador y heredero a su vez del roussoniano. Fröebel, por otro lado, conoció a Krause y se consideraba su discípulo; al parecer, fue Krause quien le recomendó leer a Comenio (1592-1670) y centrar sus esfuerzos en la primera infancia. Todo lo cual resulta clave para comprender la filosofía pedagógica que imprimió Giner de los Ríos en la Institución Libre de Enseñanza. 

Giner fue un español de la Restauración. Buscó, desde el liberalismo progresista, un modelo formativo para la regeneración nacional, una tercera vía educativa entre el Estado y la Iglesia. Y lo encontró en el racionalismo armónico de Krause, fundando así su pedagogía sobre cimientos filosóficos masónicos: “El influjo masónico sobre la I.L.E. arranca propiamente de la filosofía masónica de Krause, y más en concreto de su El ideal de la humanidad (...) Los trabajos de Enrique Menéndez Ureña han demostrado que el pensamiento socieducativo de Krause hundió sus raíces en lo más profundo de la tradición de la Orden (...) Este influjo masónico de origen alemán  llegó también a la I.L.E., aunque ya mediatizado a través de la filosofía educativa de Fröbel” (Álvarez Lázaro, 2005). De hecho, El ideal de la humanidad (1811), ensayo clave de Krause y nuclear para el krausismo español, llevaba en su original alemán un elocuente e inequívoco subtítulo:“Preferentemente para masones” (Menéndez Ureña, 1991).

Conviene reseñar que ni Giner fue masón –su concepto de la masonería era más bien desfavorable–, ni su Institución estuvo nunca formalmente adscrita a la masonería. Pero es evidente que la filosofía krausista y la obra desplegada por la I.L.E. calaron en las logias españolas por su afinidad en un ideal formativo del hombre y por su coincidencia en los principios de neutralidad política, religiosa y filosófica (Álvarez Lázaro, Ibídem, p. 157). Así las cosas, quizá tan equivocado estaba Herrera Oria cuando escribió que la I.L.E. no era más que una corporación masónica y Giner su gerente más o menos desafortunado (Herrera Oria, 1941), como Julián Marías cuando dijo luego que si los krausistas acabaron por ser heterodoxos es porque sus adversarios los empujaron hacia la heterodoxia (Marías, 1973). La realidad, mayoritariamente, es que ni fueron masones ni quisieron ser ortodoxos.

Una mirada posible

El problema, todavía hoy, es cómo entendernos y reconciliarnos con nuestra historia. Resulta sorprendente que la tan significativa y radical ligazón entre el krausoinstitucionismo liberal y la masonería no fuese abordada con el rigor merecido hasta los años noventa del siglo XX. ¿Una realidad incómoda? Quizá, como advirtió el recientemente fallecido Raymond Carr: “Para el historiador español, el siglo XIX es un campo de minas” (Carr, 2015). Si a ello añadimos que la obra que brotó de Giner vivió la dictadura de Primo de Rivera, la II República, la Guerra Civil, y cuarenta años censura y exilio, entonces el desencuentro sobre su legado está servido.

Meditaba Julián Marías, en torno al centenario del 1898, que la lección más valiosa que podemos retener de los grandes hombres de aquella Generación es su asombrosa posesión de España, en el sentido de su honrada aceptación e íntegro conocimiento de la misma; historia completa y no falsificada, leída y releída con amor y generosidad; España con sus sueños y sus esperanzas, con sus errores y sus fracasos (Marías, 1997). Pues bien, esto mismo es lo que tenemos la oportunidad de hacer en esta efeméride con la memoria de Giner: reunirla, descubrirla nuestra y estimarla a pesar de sus desatinos por todo que fue de creadora. Y para ello hay que normalizar la excepcionalidad de Giner, alineándola en continuidad –y no en isla ni ruptura– con el resto de la historia de la educación española: el pestalozzismo del sacerdote murciano Juan de Anduxar en 1804, las críticas al sistema de exámenes del cardenal Aguirre a finales del XVII, o el plan de Olavide para secularizar la enseñanza superior en 1767 (Jiménez Landi, 1996). Hay que leer sus nexos con Jovellanos (1744-1811), con Feijoo (1676-1764), con su admirado Pablo Montesino (1871-1849); hay que armonizar su tensión dialéctica con Menéndez Pelayo (1856-1912) y transpirarlo en la concepción educativa de Ortega (1883-1955). Y entonces de la ofrenda gineriana se desvela muy otra consistencia: la enseñanza de que las cosas también son lo que pueden ser, sin necesidad de renegar de lo que son ni de lo que han sido.

Giner es de hoy y para todos. Porque al contrario de lo que piensa José María Marco, ni su anhelada tercera vía fue la de una España imaginaria, ni en ella hunde sus raíces la izquierda española (Marco, 2008). Giner fue el maestro de maestros de “La España posible”, que así es como titulaba Marías su luminosa tribuna. Y al menos en las facultades de Educación debería ser disfrutado. Aunque sólo fuese para contagiar a los futuros profesores de los niños españoles la sencilla intuición que motivó a Raymond Carr a consagrarse al estudio de nuestro difícil siglo XIX; intuición de la que Giner es obvio ejemplo: La historia de España no es una historia aburrida.

Referencias

Álvarez Lázaro, Pedro (2005): “Krausistas, institucionistas y masones en la España del siglo XIX”, en Álvarez Lázaro y Vázquez Romero (eds.): Krause, Giner y la Institución Libre de Enseñanza. Nuevos Estudios, Comillas, Madrid 2005, p. 137.

B.I.L.E. (1934): “Programa de la Institución Libre de Enseñanza”, Boletín de la Institución Libre de Enseñanza (1934), pp. 87-94.

En http://personal.us.es/alporu/legislacion/programa_ILE.htm

Carr, Raymond (2015): “Odio la palabra hispanista” (entrevista por Santos Juliá), El País, 20 de abril de 2015. 

En http://cultura.elpais.com/cultura/2015/04/20/actualidad/1429554492_529289.html

Giner de los Ríos, Francisco (1910): “Spencer y las buenas maneras”, en Compayré, Gabriel: Herbert Spencer y la educación científica, La Lectura, Madrid 1010, p. XXIV.

Giner de los Ríos, Francisco (1881-2): Discurso inaugural de los cursos de 1880-1881, y 1881-1882, en “El espíritu de la Institución Libre de Enseñanza”, Obras Selectas, Espasa Calpe, Madrid 2004, p. 25-281.

Herrera Oria, Ángel (1941): Historia de la educación española desde el Renacimiento (1941), en Álvarez Lázaro, Ibídem, p. 131.

Jiménez Landi, Antonio (1996): La Institución Libre de Enseñanza y su ambiente. Tomo I. Los orígenes de la Institución, Ministerio de Educación y Ciencia, Madrid 1996, pp. 17-24.  

Marco, José María (2008): Francisco Giner de los Ríos. Pedagogía y poder. Las raíces de la izquierda española. Ciudadela, Madrid 2008, p. 335.

Marías, Julián (1973): Circunstancia y vocación (1973), en Abellán, José Luis (ed.): Fernando de Castro. Memoria testamentaria. El problema del catolicismo liberal. Castalia, Madrid 1975, p. 62. 

Marías, Julián (1997): “La España posible”, ABC, 29 de mayo de 1997, p. 3.

Menéndez Ureña, Enrique (2001): Krause (1781-1832), Ediciones del Orto, Madrid 2001, p. 41.

Menéndez Ureña, E. (1991): Krause. Educador de la humanidad. Una biografía, Unión Editorial y Publicaciones de la Universidad pontifica de Comillas, Madrid 1991, p. 180.