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ÉTICA EMOCIONAL

En memoria del profesor Robert C. Solomon (1942-2007).

Jorge Casesmeiro

Colegio Profesional de la Educación

Boletín nº 234, sep. 2012, p, 29

Pensaba Solomon que “Una buena teoría de las emociones no sólo debería hacernos más inteligentes, sino también mejores personas” [1]. Cuando teorizamos sobre las emociones, escribió, debemos buscar la mejor teoría: “Es decir, no sólo una que abarque los rápidos hallazgos de las ciencias, sino una que podamos utilizar para comprender, guiar y asumir la responsabilidad de nuestra vida emocional” [ibídem]. Esta explicación de Solomon hace nítido el sentido de su frase: “Concibo la inteligencia emocional, por encima de todo, como un imperativo ético” [ibídem, p. 278], que es a su vez el axioma de una teoría general de la integridad emocional que su muerte no le permitió desarrollar.

A pesar de ello, la contribución psicofilosófica de Robert C. Solomon (Detroit, 1942 – Zurich, 2007) al estudio de las emociones es ineludible, y tiene un enorme potencial pedagógico. Comienza con la publicación de The Passions (1976) y concluye con la edición apenas póstuma del arriba citado True to Our Feelings (2007), oportunamente traducido como Ética emocional. Una teoría de los sentimientos; aunque es lamentable lo poco que ha sido editado Solomon en nuestro idioma. Entre tanto, fueron multitud los artículos, ensayos, ponencias y cursos que dedicó a este ámbito del saber; también cabe destacar su presidencia de la International Society for Reaserch on Emotion [2].

Solomon abandonó sus estudios universitarios de Medicina por los de Filosofía y Psicología, edificando su carrera sobre la fusión de ambos. Como filósofo, su brújula intelectual fue el existencialismo; como psicólogo, pertenece a la escuela cognitiva. Sin duda, la temprana lectura del ensayo de Sartre Las emociones. Esbozo de una teoría (1939) debió suscitar en el joven Solomon una honda impresión, a saber: la hipótesis de que las emociones no son sólo reacciones instintivas y fisiológicas sobre las que no tenemos control –como sostenía la teoría denominada James-Lange (1885)–, sino sobre todo formas voluntarias o estrategias intencionales por las que modificamos nuestra conciencia de los sucesos y las cosas [3]. Lo que involucra la actividad emocional en un proceso de juicios y evaluaciones, y por lo tanto implicado en el mundo e indisociable de cuestiones como la libertad y la responsabilidad.

Así, a la dimensión de lo emotivo como pasional, esto es, como impulso que se padece pasivamente, contrapone Solomon –o mejor complementa– el sentimiento como una categoría consciente y ejecutiva. "No more excuses" era una de sus divisas sobre el tema para trasladar lo emocional del determinismo conductista a la intemperie ética que nos confronta con nuestra capacidad para orientar el comportamiento. Un principio pedagógico angular que requiere de especial prudencia justo en contextos formativos y terapéuticos, ya que además de abrir inmensas posibilidades de reflexividad y desarrollo, también puede exponernos con crudeza a una culpabilidad mal entendida; pues además de libres y responsables también debemos saber reconocernos y cuidarnos en nuestra precariedad.

Pero este fue, en todo caso, el postulado sobre el que Solomon construyó su obra. Primero con radical apasionamiento; después, ya en la ‘edad de los afectos’, como diría Goethe, fiel a su intuición original pero con mayor espacio para la autocrítica y la aceptación otros enfoques. Y es que parte del atractivo de la teoría emocional de Solomon es haber puesto en diálogo a Aristóteles, Hume o Heidegger con psicólogos como Lazarus y Ekman o neurocientíficos como Panskepp y Damasio. El hecho, por ejemplo, de conocer a fondo las codificaciones de la inteligencia emocional propuestas por Salovey y Mayer (1990), o el simpatizar con la teoría de las Inteligencias Múltiples de Gardner (1983), no le impedían seguir considerando la Ética de Aristóteles como un documento imprescindible para la formación de nuestra cultura afectiva; recordemos ese fragmento de la Ética que tanto gustaba de traducir con liberalidad para mayor desafío de sus alumnos y lectores: "Quien no se enfada en el momento oportuno, del modo apropiado y con la persona adecuada, es un imbécil" [4].  En este sentido, su capacidad de síntesis y sus compilaciones de textos clásicos y contemporáneos constituyen la mejor prueba de que la reflexión también vive en la frontera del conocimiento, y que ignorar las inquietudes de los clásicos es el cándido error de algunos destacados contemporáneos; y viceversa, por supuesto.

Pero si ha de atribuirse a Solomon alguna credencial honorable, esta es sencillamente la de ‘profesor’. Tal fue su actividad cotidiana en algunas de las más destacadas facultades estadounidenses, estableciendo su cátedra en la Universidad de Texas, Austin, donde resultó distinguido en varias ocasiones por sus méritos docentes.

Hoy, a cinco años de su fallecimiento, los que no hemos tenido el privilegio de presenciar sus clases, podemos al menos ver a través de la Red algunas de sus lecciones grabadas en vídeo, así como su inolvidable charla a un confuso adolescente en la película Waking Life (Richard Linklater, 2001): “Quizá seamos más de seis millones en el planeta. Da lo mismo. Lo que tú haces marca una diferencia”, le decía. Mensaje que entronca casualmente con el lema de su estimada Universidad de Texas: WHAT STARTS HERE CHANGES THE WORLD (Lo que aquí empieza cambia el mundo). Una entusiasta y muy americana leyenda que seguro sugirió al profesor Solomon un enjundioso dilema, ya que siguiendo su tesis no deberíamos conformarnos con que lo cambie, sino intentar que lo mejore.    

REFERENCIAS:

[1] Solomon C., Robert: Ética emocional. Una teoría de los sentimientos (2007), Paidos, BCN 2007, p. 178.

[2] I.S.R.E.: http://isre.org/

[3] Solomon, C. R. y Calhoun, Chesire (comp.): ¿Qué es una emoción? Lecturas clásicas de psicología filosófica (1984), FCE, México 1989, p. 260.

[4] Solomon C., R: Ética emocional... Ibídem, p. 31.

 
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